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sábado, 23 de noviembre de 2013

Puedo prometer y prometo. Adolfo Suárez.

La figura política de Adolfo Suárez siempre me ha cautivado de manera especial. Quizás porque haya sido un político de raza; quizás porque hizo posible lo imposible con una sagacidad incuestionable; quizás por su vocación de servicio a la sociedad con inmensa generosidad personal; quizás por su ejemplar honradez personal.

O, tal vez, todo sea mucho más simple. Los años de la transición fueron, en esencia, tiempos de una ilusión desbordada por hacer bien las cosas. Al frente de esa ilusión, estaba Adolfo Suárez y, eso, no se olvida.

Adolfo Suárez, que acierto, que inmenso acierto. Y, por cierto, de Su Majestad el Rey. Eso, tampoco se olvida. La memoria no es histórica. La memoria debe ser agradecida. Si no se recuerda para agradecer, la venganza se hará dueña de no se sabe qué recuerdos.
 
Acabo de terminar de leer Puedo prometer y prometo, Mis años con Adolfo Suárez del gran periodista Fernando Ónega.
 
De Fernando Ónega es el famoso Puedo prometer y prometo, estribillo pegadizo con el que el presidente Suárez ganó –si, fue así- las primeras elecciones de la nueva democracia.
 
También, de Fernando Ónega, es otra cita, que ha pasado a los anales de nuestra reciente historia. La frase, la pronuncia Adolfo Suárez en su discurso, ante las cortes franquistas, para defender la ley que regulará el derecho a la asociación política: “Hay que elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal”.
 
 
No pretendo esbozar, en esta Entrada, una reflexión sobre esta última obra de Fernando Ónega. Más bien, quisiera detenerme en las dos célebres frases  señaladas para, así, y teniendo en cuenta nuestra actual crisis institucional y política, realizar un humilde homenaje a Adolfo Suárez.
 
Los ciudadanos creyeron ese puedo prometer y prometo de Suárez. Entre otras razones porque Suárez luchaba, con pasión, para que lo que era normal en la calle fuera también, normal, en nuestras leyes y en la manera de hacer política.
 
La credibilidad no es una virtud personal. Es una virtud que te otorgan los demás. Es lo mejor que le puede pasar a un político; que el pueblo te otorgue esa credibilidad. Esto significa, más allá de diferencias ideológicas, que ese político ha sabido gestionar ese clamor popular para hacerlo realidad.
 
Ese fue el gran acierto, político y personal, de Adolfo Suárez. Y es lo que, hoy en día, se echa en falta. Nuestra crisis institucional no es debida a la crisis económica. Nuestra crisis institucional es una crisis de credibilidad. El clamor de la calle va en dirección opuesta a la gestión de nuestros políticos.
 
Necesitamos políticos como Adolfo Suárez. No necesitamos ideologías. Necesitamos gestores honrados de los problemas sociales.

viernes, 26 de julio de 2013

Leer en agosto. Un libro por semana.


Para asumir, con garantías, el reto de leer en agosto. Cinco recomendaciones. Una por semana.

1ª Semana 29 julio-4 agosto

Calentando motores. Una propuesta de entretenimiento y lectura fácil aunque de calidad.

El huevo de oro, de Donna Leon.

Última publicación de la dama del crimen, Donna Leon, y una nueva propuesta de investigación para el comisario Brunetti en Venecia, sus islas, puentes y vaporettos.

Aparecen los temas clásicos de Donna Leon: la corrupción política, el núcleo familiar de Brunetti, la enigmática señorita Electra, la condición humana con sus grandezas y sus miserias.

La trama: Un hombre sordo y deficiente que trabaja en una tintorería del vecindario del comisario Brunetti aparece muerto por una sobredosis de pastillas. El incidente sobrecoge a la esposa del comisario.

Lo que más me ha llamado la atención: Más allá de que leer a Donna Leon entretiene –por cierto, y desarrollo nuestras estructuras cognitivas lógicas- es interesante el acercamiento humano a las personas con discapacidad.

2ª Semana 5 agosto-11 agosto

Subiendo un peldaño. Un ensayo clásico sobre una realidad terrible pero con un mensaje positivo y esperanzador.

El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl.

Nos narra la experiencia, en primera persona, del psiquiatra judío Viktor Frankl en  un campo de concentración nazi. Esto no debe asustarnos a la hora de iniciar la lectura. Viktor Frankl nos enseña, parafraseando a Nietzsche, lo siguiente: quien tiene un por qué es capaz de soportar cualquier cómo.

Lo que más me ha llamado la atención de este libro, leído por primera vez hace ya muchos años y releído con frecuencia: “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino”

3ª Semana 12 agosto-18 agosto

Volvamos a la literatura. Una propuesta con algo más de profundidad literaria y temática.

La ley y la dama, de Wilkie Collins.

Wilkie Collins puede ser considerado el maestro de los autores de novelas policíacas contemporáneos. Su secreto: contar una historia de intriga en la que los personajes son de carne y hueso y podemos identificarnos con ellos.

La trama: Una joven huérfana, recién casada, descubre en el viaje de novios que el apellido de su marido es otro. A partir de aquí, todo se complica.

Lo que más me ha llamado la atención: El acercamiento a la época victoriana con toques de humor muy inteligentes.


4º Semana 19 agosto-25 agosto

Si la playa cansa ya un poco o si la economía no da para playa y sí, al menos, para un cómodo sofá, puede ser el momento de adentrase a un tema de actualidad de manera divulgativa y con rigor.

¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, de Nicholas Carr.

Cada vez resulta más difícil entender al hombre y a la mujer de hoy, la cultura, la sociedad –todo, en definitiva- sin conocer la influencia que las nuevas tecnologías tienen en el mundo actual. Nuestra manera de pensar, de entender la realidad y de entendernos a nosotros mismos ya no es como era hace unos años.

Lo que más me ha llamado la atención: Los datos científicos que se utilizan en la argumentación.

¿Y si toda mi lectura es online no tanto porque ha cambiado el modo en que leo, es decir, por pura conveniencia, sino que el modo en que pienso ha cambiado?

5ª Semana 26 agosto-1 septiembre

Si se ha sido capaz de leer, a estas fechas, cuatro libros, definitivamente, es el momento para dar el salto a la poesía, la olvidada poesía.

La casa encendida, de Luis Rosales.

Creo que, con diferencia, es la mejor obra de este poeta granadino. A fuerza de omitir adjetivos, Rosales llega a la esencia de las cosas. Utiliza las imágenes dejando lo que cuenta en la memoria y para siempre.

Lo que siempre me ha llamado más la atención de Luis Rosales, su Autobiografía:

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

sábado, 20 de julio de 2013

Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas


Acabo de terminar de leer Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas de Leontxo García.
 
A los que somos amantes del ajedrez, nos es fácil transitar, mentalmente, por las partidas de genios como Bobby Fisher, Anatoli Kárpov o Garry Kaspárov; al mismo tiempo, nos resulta igual de fácil asociar el ajedrez a las enseñanzas del maestro García. 

Parafraseando a Jung, podríamos afirmar que los ajedrecistas tenemos un inconsciente colectivo particular en el que el tablero es la vida; las piezas, los jugadores y Leontxo, la voz de todo lo que ocurre en las sesenta y cuatro casillas.

He disfrutado, lógicamente, con la lectura y con la estructura del libro. En tres capítulos y 359 páginas, se desgranan pasajes inolvidables y datos relevantes que evidencian las características especiales de este “juego” tan difícil de catalogar: ¿Deporte? ¿Ciencia? ¿Arte? Indico algunos interrogantes sugerentes.
 
 

 
Los misterios del ajedrez ¿Por qué juegan las mujeres peor? Un interrogante atrevido y mediático. Pero no se asuste el lector. Los comentarios de Leontxo García van por otros derroteros. Curioso es, apuntar, que hayan sido las propias jugadoras las que reivindiquen competiciones de ajedrez separadas por sexos.

Ver con la mente Ajedrez a ciegas: Memoria fotográfica frente a memoria lógica. O introducirse, de paso, en el fabuloso mundo del ajedrez para invidentes.

¿Es el ajedrez un deporte? Y, como hace Leontxo, para responder a esta típica cuestión, podríamos contestar con dos preguntas: ¿Jugaría Messi igual de bien al fútbol con otro cerebro? ¿Podemos separar la mente del cuerpo y hablar de deportes físicos y otros que no lo son?

Algunos locos adorables Donde se desmitifica esa idea –falsa- que asocia ajedrez a personajes un tanto curiosos, al menos, y relatándose, al mismo tiempo, anécdotas estrambóticas que jalonaron la vida de Bobby Fisher.

Un capítulo entero, El ajedrez enseña a pensar, dedicado a profundizar en los beneficios cognitivos del ajedrez y su utilización como terapia, no sólo cognitiva, sino también social. Las iniciativas tomadas en la reinserción de presos, usando el ajedrez como herramienta, son encomiables. ¿Para cuándo el ajedrez en las aulas, querido profesor García?

Chips y neuronas, más de dos siglos de jaque, capítulo en el que se realiza un viaje apasionante sobre el ajedrez como campo de investigación de la inteligencia artificial. Los pasajes dedicados a relatar los enfrentamientos entre Garry Kaspárov y Deep Blue están narrados con la maestría propia de un director de cine de suspense.

Recomiendo la lectura de este Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas aunque el trabajo de Leontxo García se divulgue por sí solo.

No obstante, sólo señalaría una matización a su trabajo; matiz que me surge tras leer ciertos presagios negativos que se vislumbran en el mundo del ajedrez. Los avances técnicos informáticos puede que evidencien, con el tiempo, que el ajedrez sea predecible. Quizás, el jugador de blancas nunca pueda perder. Es cuestión de jugar con la precisión de un ordenador infalible. Por otro lado, ese mismo progreso informático puede ser usado, de manera vergonzosa, para hacer trampas en una competición.

Y, aquí, lo que hecho en falta. La mayoría de las personas que nos acercamos a un tablero de ajedrez, lo hacemos porque nos resulta vital. Y dejaría de ser vital si echáramos mano de un ordenador o de las trampas para ganar. Lo que hace grande al ajedrez es jugarlo. Ajedrez y vida, pasiones mezcladas.

domingo, 10 de marzo de 2013

El señor de las moscas y la filosofía


El señor de las moscas, de William Golding, publicado en 1954, es la obra literaria más conocida de este premio Nobel de Literatura. Dos versiones cinematográficas han contribuido a potenciar este clásico de la literatura, obra de obligada lectura escolar en el mundo anglosajón: la versión de 1963, dirigida por Peter Brook; la de 1990, de Harry Hook.

Tanto la novela como las versiones cinematográficas ofrecen numerosas posibilidades de interpretación psicológica, sociológica, antropológica y filosófica. Sin embargo, quisiera detenerme, en esta última posibilidad, la filosófica, a raíz de la conversación esencial que mantienen dos de los protagonistas: Ralph y Piggy.

La barbarie ya se ha desatado en la isla. Ralph y Piggy se han quedado solos. Los dos charlan con el horizonte y la playa por delante como única compañía. Curiosa imagen. El mar inalcanzable y la soledad en la arena. Es en ese momento cuando Piggy trae a colación las enseñanzas de Rousseau sobre la bondad de la naturaleza humana. Ralph, incrédulo ante lo que escucha, se ríe.

Es interesante analizar la propuesta de Golding al hilo de las aportaciones filosóficas de autores como Hobbes, Locke y Rousseau y los personajes centrales de la obra.

Ralph es Locke. Representa el sentido común y a la democracia. Confía en la elaboración de normas consensuadas que ayuden a la convivencia pacífica de los niños en una isla desierta y sin la presencia de los adultos. Busca símbolos compartidos que arropen sus pretensiones de anular ese derecho a castigar del que nos habla Locke: el fuego, no sólo como posible señal de rescate sino como símbolo de unión con el mundo exterior civilizado; la caracola, no sólo como señal de orden en las asambleas sino como símbolo de la palabra que busca el consenso.
 

Jack representa la barbarie. No quiere ser recatado sino cazar; la caza es sólo símbolo de ese instinto violento del hombre que le lleva a ser un lobo para los demás. Jack nos hace patente la propuesta de Hobbes: sólo la imposición de la fuerza hará posible la vida en sociedad.
 
Piggy, es símbolo de la razón. Es un ilustrado que terminará siendo sacrificado: el sueño de la razón produce monstruos. Curioso es que lleve gafas. Es un juego simbólico que podemos asociar a la luz de la inteligencia. Gracias a las gafas de Piggy resulta más fácil hacer fuego. El fuego, no sólo da calor; también ilumina. 
 
Y, finalmente, ¿dónde está Rousseau? Está en todas partes pues su propuesta –el hombre es bueno por naturaleza; nos hace malos la sociedad- es criticada de arriba abajo en la propuesta de Golding.

Definitiva es la escena final de la cinta de 1990 para reseñar esta tesis: Ralph es perseguido para ser linchado. En su huída, llega hasta la playa. Cae, en su carrera, sobre la arena. Al levantarse, descubre la presencia de un militar uniformado. Los chicos, que le persiguen, quedan paralizados ante esa misma presencia inesperada. Se quedan paralizados.

La imagen del militar representa el orden social. Sólo así, se dan cuenta de que pretendían una nueva barbarie. ¿No será el orden social el que evita el mal? ¿Se equivoca, pues, Rousseau? 

domingo, 3 de marzo de 2013

Nuestra mente maravillosa, de Fernando Alberca


Me alegra enormemente el éxito divulgador de Fernando Alberca con el que tuve la suerte de formarme, y aprender de él, hace ya unos cuantos años, en esta tarea educativa de la formación de los hijos y de los alumnos.

Si ya alcanzó el éxito editorial con Todos los niños pueden ser Einstein, sin duda, el reciente premio Hoy de Ensayo, con  Nuestra mente maravillosa, hará que su obra –tiene mucho que decir sobre educación y optimismo en estos tiempos de crisis- sea aún más conocida por todos.

Habrá que esperar a finales de este marzo para poder leer su nueva propuesta. Sin embargo, no me resisto a comentar, con brevedad, unas frases que he sacado de sus declaraciones en los diversos medios de comunicación, en estos últimos días. Comentarios personales que, quizás, se alejen de la propuesta del profesor Alberca aunque, a bien seguro, conociendo su persona y su obra, no supondrán una contradicción con su filosofía.


El ser humano puede ser mucho más feliz de lo que imagina con lo que tiene, no con lo que desea tener

En muchas ocasiones he escrito sobre el peligro de alimentar sueños irreales en los hijos, en los alumnos o en las personas que nos rodean. Esto ocurre en demasiados casos y no por mala voluntad.

Pensamos que la mejor muestra de cariño es alimentar cualquier sueño de las personas que dependen de nosotros de alguna manera. Craso error pues no siempre los sueños pueden cumplirse. Los sueños deben guardar una cierta relación causal con nuestras posibilidades. Así, evitaremos frustraciones y sufrimientos innecesarios.

Creo que el profesor Alberca va más allá poniendo cimientos firmes en esta relación esencial entre felicidad y realidad.

Los deseos son futuribles y la felicidad se da en presente. Por eso, no hay más remedio que aprender a ser feliz con lo que se tiene y no con lo que estar por llegar. Por este motivo, traigo a colación la siguiente frase rescatada de sus intervenciones.

La clave de felicidad está en buscar lo extraordinario en lo ordinario

Porque nuestras vidas son, afortunadamente, ordinarias. No podemos esperar a que ocurra algo para que seamos felices o nuestras vidas estén llenas. La lógica, funciona al contrario. Sólo sabiendo ver que en lo ordinario se encuentra la grandeza de cualquier vida, podremos alcanzar la felicidad.

Esperemos a leer Nuestra mente maravillosa de Fernando Alberca para concretar, en la práctica, su propuesta.

La vida atormentada de Emil Sinclair


El mayor tesoro que puede ofrecer la vida es vivirla con libertad. El mayor inconveniente para esa libertad es ser dependiente, de lo que sea, por debilidad. Esto, que suscribiríamos, de entrada, todos, es el paradigma existencial de Emil Sinclair.

No sabe quién es y, por eso, sabe que nunca será libre. Es débil y, por ese motivo, no se atreve a luchar por su auténtica libertad. Y esta situación da lugar, en su desarrollo, a la trama, poco lineal, de Demian de Herman Hesse: las continuas dependencias vitales de un débil y atormentado joven que vuelca sus inseguridades personales en personajes como Demian, Pistorius, Beatrice, Eva.

Y lo que acrecienta aún más su propia situación vital de vacío existencial: cada dependencia le hace sentir aún más desvalido pues, en definitiva, no son más que salidas falsas que no terminan de arreglar su situación.

Hay dos momentos claves en la narración de Hesse que sitúan el gran error que comete Emil Sinclair a la hora de replantearse su vida, a saber: es débil –por ese motivo es maltratado por el perverso Kromer- y, en definitiva, en vez de luchar contra esa debilidad hierra en su análisis y piensa que sus problemas se deben a la  excesiva dependencia que tiene de su entorno familiar.

 
 
Aquí, es clave señalar lo siguiente: el entorno familiar representa el bien, lo luminoso, lo acogedor. Señalemos ya, de entrada, que este el gran error de Sinclair: la dependencia del bien  no es dependencia sino auténtica libertad y autoconocimiento verdadero.

Estos dos momentos claves son las explicaciones que hace Demian a Emil sobre las figuras de Caín y el buen ladrón. Resumiéndolas, Caín es el verdadero  hombre, libre de ataduras al abrazar el mal; el buen ladrón es el hombre débil que se arrepiente de sus malas obras. Pobre Emil Sinclair. Mucho Abraxas y dualidades y, al final, termina dependiendo del mal como salida a sus desazones interiores.

Esta es la esencia de nuestro personaje: todo lo demás, influencias de Jung, de Nietzsche y del gnosticismo, no son más que artificios narrativos que dan a Demian su poder de cautivar a cientos de jóvenes tan perdidos, en sus vidas, como Emil Sinclair.

Lastima que todos los que se acercan a Hesse, no conozcan la obra de Alasdair C. MacIntyre, Animales racionales y dependientes. Lo que nos hace ser libres y lo que nos permite llevar una vida plena es nuestra vulnerabilidad. Así somos. El secreto es acompañar nuestra debilidad de personas buenas.

Emil Sinclair quería abrazar una estrella. Esa estrella es su buen corazón porque, en definitiva, la mejor definición de este personaje es la gran inteligencia de su corazón. Su problema es su salida equivocada: Abraxas.

Pero confiemos en esa inteligencia del bien, del corazón. Tarde o temprano, Emil Sinclair, todos los Emil Sinclair que dan tumbos por la vida y por el mundo, descubrirá que la dependencia volcada en el bien es la auténtica libertad.

sábado, 23 de febrero de 2013

Demian y Abraxas

El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. Quien quiere nacer tiene que romper un mundo. El pájaro vuela hacia Dios, que es Abraxas.

 
Herman Hesse nombra a Abraxas, en su Demian, describiéndola como una deidad que lleva, en sí, el bien y el mal, lo luminoso y lo oscuro, lo divino y lo demoníaco. Lo que no deja de ser, quizás, un recurso literario ha de llevarnos, si queremos profundizar en este nuevo análisis de la obra de Hesse, a la secta gnóstica de los Basilidianos, propia de los primeros siglos del cristianismo. Ahí encontraremos una aproximación documentada sobre esta supuesta deidad. 

En esa época, florece una amalgama filosófica que une elementos filosóficos con creencias religiosas. Son los gnósticos. Arduo sería describir tan heterodoxo grupo en un Post.
 
Baste indicar que, a bien seguro, lo que interesó a Herman Hesse de los gnósticos fue la apuesta, de estos, por alcanzar la salvación (del alma) mediante la gnosis y no por las buenas obras o la obra redentora de Jesucristo.

No creo que Hesse tuviera presente las desviaciones gnósticas propias del siglo XIX, que degeneraron en burdos esoterismos, a la hora de recrear a su Emil Sinclair. Es obvio, tras una sencilla lectura de Demian, que los tiros no van por ahí.

 
 
La purificación, la salvación, encontrarse uno a sí mismo, sólo es posible mediante la introspección. Esta introspección necesita una casilla de salida. No sólo la realidad es dualista –bien/mal, verdad/mentira, apariencia/realidad- sino que también lo es el propio ser humano. Abraxas no es más que la concreción de todo esto en un símbolo al que adorar.
 
Nada nuevo bajo el sol. Platón ya dijo lo mismo sin necesidad de oscuras elucubraciones.

¿Quién es Emil Sinclair? ¿Cómo es la vida de Emil Sinclair? Ese juego de dualidades, interiores y exteriores, que dan lugar a una trama literaria. Demian es una especie de demiurgo platónico que le ayuda en el proceso. O un instrumento de Abraxas para conseguir lo mismo: la salvación del desvalido Sinclair. Un Sinclair atormentado por esa dualidad de su interior que no comprende.

Sin embargo, lejos quedamos aún de analizar con objetividad, al menos desde el punto de vista de quien escribe estas líneas, la figura de Emil Sinclair y/o la pretensión de Herman Hesse al escribir su Demian.

 

domingo, 17 de febrero de 2013

Demian, Hesse y el superhombre nietzscheano


F. Nietzsche escribió: La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño.

El laicismo absurdo o, para no entrar en la polémica que genera la utilización de cualquier adjetivo –en este caso, absurdo- la ignorancia sobre los contenidos doctrinales del cristianismo lleva a situaciones de pobreza intelectual que impiden entender la riqueza cultural del Museo del Prado, por ejemplo, o el significado final de la filosofía de Nietzsche, o el mensaje que subyace en Demian de Herman Hesse. 

Simplifiquemos la explicación de estas afirmaciones. ¿Como entender La Anunciación de El Greco sin un mínimo de formación religiosa? ¿Cómo aprehender la filosofía de Nietzsche sin atisbar que es una fotografía, en negativo, de la fe cristiana? ¿Cómo entender la riqueza de un autor como Hesse y su Demian si se desconoce la enseñanza final del drama de Caín y Abel?

Seguimos en este Post analizando esta obra de Herman Hesse considerando, en esta ocasión, la relación entre esta obra y la propuesta filosófica de F. Nietzsche. Por este motivo, se hacía necesaria la parrafada anterior.

La irrupción de Demian en la vida de Emil Sinclair supone, para éste, una ruptura absoluta de lo que, hasta entonces, vivenciaba como seguro y cierto: el mundo luminoso creado en el entorno familiar.

Demian le hace patente una nueva posibilidad de entender la realidad removiendo los pilares más sólidos del joven Sinclair: sus creencias religiosas. La explicación de Demian sobre la figura de Caín solivianta hasta tal punto a Emil que ya no será el mismo.

Volvamos al inicio de estas líneas. El lector poco formado no podrá entrever en ese pasaje, en toda la obra, la hondura de la propuesta de Hesse. Su mundo luminoso, su mundo oscuro, no es más que una propuesta literaria de la transmutación de los valores de F. Nietzsche.

 
 
Demian, como encarnación de la moral de señores nietzscheana. Emil Sinclair, el joven atormentado que sufre la alienación de la moral de esclavos, propia de los cristianos según Nietzsche.

Emil Sinclair es el camello que lleva una carga pesada impuesta, carga que no es otra que esa moral de esclavos que le anula como individualidad. Demian, es el niño. El único capaz de vivir la vida como un juego. Un juego que hace depender la realidad del propio querer de la voluntad. Nuevamente, Hesse utiliza elementos de la filosofía nietzscheana -la transformación del espíritu- para encuadrar a sus personajes.

Demian, como intento de superhombre. Demian como personaje que no quiere un objeto sino que quiere su propio querer: la voluntad de poder. Demian, es descrito en la novela de Hesse, como un ser libre, sin ataduras, altivo y, en consecuencia, solitario pues ese el precio a pagar.

Sin embargo, no es Demian un intento narrativo de las tesis de Nietzsche como no lo es de las tesis de Jung. Seguiremos, en otro Post, con esta explicación debida.

sábado, 9 de febrero de 2013

Demian y el inconsciente colectivo de Jung


Las lágrimas más amargas derramadas sobre nuestras tumbas son por las palabras nunca dichas y las obras inacabadas.

Beecher Store

Quizás, esa frase resuma, a la perfección, al atormentado E. Sinclair, protagonista de Demian, de Herman Hesse. Y, también, sin duda, esta necesidad personal de explicar esta obra porque era, y es, una explicación debida y no realizada.

Digamos lo que no es Demian aún siendo evidente las influencias, que en este autor tienen un conglomerado de tesis que nos vuelven la mirada hacia Jung, Nietzsche, el gnosticismo o, simplemente, a los dilemas morales del joven protagonista, Emil Sinclair. Salgamos al paso de esos estériles análisis –Demian no es la influencia de…- comenzado por la presencia de las tesis de Jung en esta obra.

Hesse y Jung mantuvieron una estrecha relación personal gracias al interés de ambos por los temas mitológicos, de origen oriental, como camino sugerente y estimulante para llegar al descubrimiento del yo personal. Al mismo tiempo, les unía el desconocimiento que, sobre esos temas, se vivenciaba en la intelectualidad europea de la época y de los que ellos no eran partícipes. 

Los acercamientos hacia la interioridad del yo, en esta vieja Europa, o en el mundo occidental, siempre han estado vinculados a la ciencia en cualquiera de sus manifestaciones: psicología, psiquiatría, antropología o las humanidades, en general. Mucho más en la primera mitad del siglo anterior.

Nuestro yo no es consciente –intentemos explicar a Jung apostando por lo didáctico y no por la erudición- de la presencia inconsciente de imágenes y símbolos que nos determinan y que no tienen una construcción que provenga de aprendizaje alguno. Se trata, más bien, de una memoria colectiva de la que participamos por ser humanos y que tenemos en nuestro interior por una especie de transmisión de una generación a otra. Y, así, desde nuestros orígenes.

Este inconsciente colectivo –Jung lo denomina pomposamente así- se activa con ocasión de circunstancias dramáticas de nuestra vida. Mientras, está como oculto en espera de hacerse patente. La manifestación de ese inconsciente colectivo es el arquetipo.


Todo esto queda reflejado, por ejemplo, en lo que le dice Pistorius a Sinclair en una de sus diversas conversaciones nocturnas, tumbados en el suelo y con la sola luz del fuego -como nuevo elemento simbólico de las tesis de Jung que aparece en la obra- al modo de mantra que ahuyente la tiniebla interior de ambos personajes.

Cada uno de nosotros es el ser total del mundo, y del mismo modo que nuestro cuerpo integra toda la trayectoria de la evolución, hasta el pez e incluso más atrás aun, llevamos también en el alma todo lo que desde un principio ha vivido en las almas de los hombres.

Sinclair, al modo socrático, le argumenta con una nueva pregunta. 

Entonces, ¿por qué aspiramos aun hacia algo si todo lo llevamos ya acabado en nosotros?

Pistorius concluye, más o menos, de esta manera: Puede que llevemos el mundo dentro de nosotros –inconsciente colectivo- pero no lo sabemos.

Y, en definitiva, ese es Emil Sinclair: no sabe quién es e intenta aprehenderlo con ocasión de las situaciones existenciales en las que se va encontrando a lo largo de su vida y en función de los personajes que se acercan a la misma: el torturador de Kromer, el redentor inicial de Demian, el sustituto ocasional de Pistorius, la aparente realidad de Beatrice, o la posible solución de Eva.

Gran construcción literaria de Hesse al poner en la trama de su Emil Sinclair a personajes que activan ese inconsciente colectivo descrito para que el protagonista encuentre su propio yo. Esto es así pero, en definitiva, no se puede afirmar que la historia que lleva por título Demian sea, sin más, un desarrollo literario del inconsciente colectivo de Jung. Seguiremos.

domingo, 19 de agosto de 2012

En mi país desconocido. Hans Fallada


Thomas Mann criticó con dureza –e igual vehemencia- a los intelectuales alemanes que decidieron quedarse en la Alemania nazi. Denominar a esa realidad con el nombre de exilio interior fue para Thomas Mann una manera –por simplificar los argumentos- de justificar lo injustificable con una catalogación pseudoética.

El gran escritor alemán se equivoca pues las actitudes personales no pueden enjuiciarse recurriendo a una etiqueta que nivele a todas las personas sin tener en cuenta la intencionalidad –los fines- de sus acciones. 

Hans Fallada optó por el exilio interior. Desde el punto de vista creativo, tal decisión nos ha brindado –ahora que Fallada se ha puesto, de nuevo, de moda- una visión diferente del derrumbe moral, político y sociológico que supuso el nazismo para Alemania y los alemanes.

En mi país desconocido, creo que es un recorrido espeluznante sobre el deterioro ético de las relaciones humanas –entre las personas desconocidas que tenían que vivir sus vidas- en esta época nefasta de la historia.

 

En un régimen de terror, el soplón surge como mecanismo represivo y de pánico. Nadie se fía de nadie, La atmósfera  es, así, irrespirable. Los incautos como Fallada –nunca se planteó en su sana ingenuidad si tenía amigos judíos; no clasificaba a las personas- sufrió de manera indecible los zarpazos de los que querían, a toda costa, medrar en el régimen.

En un régimen dictatorial, la creación artística es peligrosa y debe ser censurada. Fallada libra una batalla interesante –nuevamente, ingenua- sobre esa realidad.

Sin duda –apuntémoslo por que la memoria no debe olvidar realidades- el holocausto judío fue la encarnación del mal, sin precedentes ni consecuente en la historia. En mi país desconocido, Fallada nos ofrece pinceladas –humanas, muy humanas- de decenas de miles de personas que sufrieron la brutal represión de sus vidas aunque no fueran, físicamente, eliminadas.

Estos tres temas me parecen los más conseguidos en la propuesta de este En mi país desconocido, escrito por Hans Fallada en 1944 cuando está encarcelado y destrozado vitalmente. Su vida no fue fácil. También fue un desconocido para sí mismo.

lunes, 13 de agosto de 2012

Formar mentes brillantes: Decálogo


Siguiendo las propuestas de Howard Gardner y sus tesis sobre las cinco mentes del futuro, gloso el siguiente decálogo -de elaboración propia- manteniendo la argumentación básica del mencionado psicólogo norteamericano.

Las mentes brillantes se forman en las casas y en las escuelas. Eso es obvio. No lo es tanto cómo hacerlo. Los esquemas del pasado son inválidos en un mundo que es diferente de un día para otro.  

Las escuelas forman para la vida pero siguen usando esquemas de “producción” propios de la revolución industrial. Imposible formar así a alumnos para el futuro con sistemas caducos. Igual de absurdo está siendo introducir, por activa y por pasiva, las Nuevas Tecnologías para hacer más de lo mismo. El problema de la enseñanza no es de metodologías sino de paradigmas.

Igual de dañina es la tendencia de convertir los hogares en hoteles. Así, el calor de hogar se esfuma y los hijos, llenos de comodidades, pierden la brújula del esfuerzo para, más tarde, perder la del cariño.

La lógica del cariño no es como se piensa en esta sociedad de mensajes cortos, sensibleros y sin contenido. Se quiere a la gente por la que se hacen cosas y no, necesariamente, por quién las haga para ti. Los hijos quieren más a sus padres cuando pueden hacer cosas por ellos. Nos empeñamos en hacerlo al revés. Hacerlo todo por ellos y que ellos no hagan nada.

Esta propuesta quizás sirva para encauzar esa sangría  educativa y familiar. Cambio de paradigma educativo para las escuelas y cambio de sentimentalismos para las familias. 


1 Educar en el respeto. Se consigue pidiendo responsabilidades cuando éste se pierde. Lo demás es perderse en terapias de motivaciones que lo único que consiguen es eternizar los problemas. Una escuela que no exige respeto, es una escuela podrida. Una familia que no exige respeto, es una familia desunida.

2 Sin respeto, es imposible enseñar. La motivación en estas cuestiones debe sustituirse por corregir al que se equivoca. Y, como dice Gardner sin medias tintas, al que no respete y no quiera cambiar, hay que separarlo del grupo y rechazarlo. En cómo hacerlo, es dónde hay que invertir tiempo.

3 La mejor manera de educar en el respeto y propiciar metas conjuntas para todo el grupo: una clase o una familia. Cuando se lucha en compañía por un mismo objetivo, surge lo que une. La escuela es individualista. Los hijos deben sacar su casa adelante. Decir que la única obligación de un hijo es estudiar es sembrar su fracaso.

4 Las mentes brillantes son mentes disciplinadas. Disciplina, aquí, no significa ser constantes y ordenados. La mente disciplina contextualiza el saber. El no disciplinado, sólo memoriza en el mejor de los casos.  

5 El sistema educativo debe cambiar los modelos de exámenes. Estos, en la actualidad, son exclusivamente memorísticos. En las universidades, para colmo, suelen ser tipo test porque se corrigen antes. Las asociaciones de padres algún día entrarán en estas cuestiones. Tiempo al tiempo.

6 Cultivar una mente sintética o sucumbir ante las toneladas de información que nos proporcionan las Nuevas Tecnologías. La mente sintética es la única capaz de realizar un todo coherente y unificado de ingentes cantidades de información. En Post sobre la mente sintética se ofrecen pistas de cómo educarla.

7 La sociedad nos obligará a ser creativos. Si no, tarde o temprano, nuestro trabajo será realizado por una máquina. Decir que debemos reciclarnos es asumir que no comprendemos el mundo en el que vivimos. Se reciclan los objetos. Las personas, tenemos que ganar en capacidad creativa.

8 Erramos con las aficiones que propiciamos en los hijos y en los alumnos. Pianistas famosos o futbolistas mediáticos multimillonario hay pocos. Hay aficiones que fomentan la creatividad. Hay que ir a por ellas. (Ver Post sobre la cuestión)

9 La mente ética será la casilla de salida para incorporarse al mercado laboral y para poder formar parte de un grupo familiar o de amistad. Las personas sin principios serán evitadas. Nadie se fía de nadie. Si no se fían de ti, te quedarás muy solo.

10 La mente ética se cultiva cuando formamos a personas que comprenda que lo útil es lo constructivo. Es decir, si lo que haces sólo es útil para ti perderás todo criterio ético. Es cuestión de tiempo que eso ocurra.

lunes, 30 de julio de 2012

Las cinco mentes del futuro

Comparto la descripción que Howard Gardner (Psicólogo Cognitivo de Harvard y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011) realiza sobre nuestro mundo global. Resumiría la misma con la palabra movimiento 

El movimiento de capitales que nos hace girar en nuestra concepción sobre la economía y su problemática. El problema no es si hay dinero sino dónde está. La actividad económica se asemeja a un electrón con su capacidad de estar y no estar al mismo tiempo.

El movimiento de las personas que nos hace cambiar nuestros hábitos sedentarios para volver a una época de nómadas que suponíamos superada.

El movimiento de la información que, en su abundancia y rapidez al golpe de un click, nos arroja a la necesidad de tener que renovar nuestra formación a diario. Lo nuevo es viejo en cinco minutos. 

El movimiento de la cultura que homogeniza a un adulto con un adolescente o a un asiático con un norteamericano conjugando todo esto con la aparente contradicción de defender, a ultranza, la identidad de la patria chica. Todos vemos la misma película pero la plaza de mi pueblo es única y la mejor.

Este es el mundo que tenemos y el que nos espera acrecentándose la aceleración de los mencionados movimientos. Y, nuevamente, con Gardner conviene señalar en este punto la contradicción de nuestro sistema educativo: La educación formal, tal como hoy la conocemos, aún sigue preparando a los estudiantes para el mundo del pasado y no para los mundos posibles del futuro (Gardner, Cfr. Las cinco mentes del futuro, Paidos)

La propuesta de estas cinco mentes –mente disciplinada, mente sintética, mente creativa, mente respetuosa y mente ética- que se deben desarrollar en todo proceso educativo y de aprendizaje suponen una revolución necesaria si no queremos seguir formando generaciones que no comprenderán el mundo que nos envuelve y que no sabrán que hacer con él.


Quien no domine varias disciplinas irá al paro o se le asignarán tareas que nadie quiere (mente disciplinada) 

Quien no posea capacidad de síntesis no sabrá que hacer con las montañas de información que, a diario, nos ofrecen las Nuevas Tecnologías. Si no sabes que hacer, otros decidirán por ti.

Quien no posea capacidad creativa, será sustituido por una máquina. Es más barata y no se queja.

Quien no sea respetuoso, contamina el ambiente de trabajo y todos lo evitarán. Vamos hacia el trabajo cooperativo a marchas forzadas. El individualista molesto se quedará en casa cobrando el paro hasta que se le acabe.

Quien no posea una propuesta ética será mirado como extraño en un mundo que va a necesitar como el comer o el beber fiarse de quienes nos rodeen.

En próximos Posts, desarrollaré, en lo posible, una crítica a estas cinco mentes propuestas por nuestro psicólogo cognitivo.

viernes, 27 de julio de 2012

Y, sin embargo, contento


Javier Arcas es un gran profesor. Esta afirmación no pretende el halago fácil pues no persigue intencionalidad alguna. El halago sin intención es reflejo de una realidad. Creo que su acierto como docente radica en la motivación con buen humor. Aún recuerdo como escuchaba, desde mi despacho, sus explicaciones con un tono de voz fuerte y el silencio de una clase atenta que era interrumpido por las risas de los alumnos.

Su salto a la literatura me ha alegrado enormemente y su éxito creo que es merecido. La forma de hacerlo también me ha resultado interesante. Publicar una novela online para que todo el que quiera pueda descargársela –gratis y de manera legal- y disfrutar de su lectura es un acierto que corre con los tiempos virtuales. Quizás éste sea el camino para erradicar las descargas ilegales.  

Pero sobre esta cuestión hablaré en un próximo Post. Quisiera centrarme en su Y, sin embargo, contento.



A simple vista puede parecer una novela de temática adolescente sin más. Sin embargo, -sí, ese sin embargo que utiliza Javier en su título y que no es mas que la afirmación de una contradicción al estilo adolescente- creo que se acerca a la interioridad del mundo de los chavales con notable acierto. Para escribir, hay que escribir bien –evidente- pero también conocer el universo vital sobre lo que se está escribiendo. Mucha literatura juvenil parece estar escrita por autores que no conocen esta realidad.

Segundo acierto. La novela es divertida usando la provocación –que no la desfachatez- con adecuadas dosis. En cierta manera, leerle ha sido como escucharle hablar. El ingenio que provoca no tiene por que ser maleducado. Reírse leyendo o escuchando una clase implica, además, aprender.

Tercer acierto. Es una novela que interesará a los padres porque los alumnos se reconocen en ella al leerla. Los adultos siempre cometemos el mismo error. Queremos acercarnos a los hijos adolescentes con la pregunta directa sobre sus vidas. Craso error porque el adolescente verá esa actitud como una intromisión en su intimidad. ¿Conocemos cómo son los adolescentes? Sólo así nos podremos acercar a ellos para saber lo que les pasa. Padres, leed esta novela.

Miles de descargas en poco tiempo, invitan a hacer lo mismo. Una buena lectura para el verano. Dejo el link:





domingo, 3 de junio de 2012

Edith Stein y los modelos educativos

Dentro de unos días me veo expuesto a dar una conferencia sobre cuestiones fenomenológicas en un prestigioso centro universitario. Reto difícil cuando no se tiene una especial formación filosófica en ese campo y cuando el público, que tendrá la bondad de escucharme, sabe más que uno en esos temas. Quizás me salve de un posible fracaso que la sesión tiene como objetivo acercar el hecho fenomenológico al mundo de la educación de los valores. Los valores son vivenciales. Una enseñanza exclusivamente racional de los mismos está destinada al fracaso.

Estando en estas preparaciones, entra en mi campo de trabajo la vida y obra filosófica de Edith Stein, hasta entonces desconocida en mi formación filosófica. He encontrado poca literatura traducida al castellano sobre esta mujer en la que converge un itinerario biográfico apasionante: filósofa -discípula de Husserl- judía, católica, carmelita y fallecida en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial.

Para comprender a Edith Stein, compilación dirigida por Urbano Ferrer y editado en Palabra, es el libro que me ha servido para curar mi ignorancia y, quizás, darle algo de nivel a mi futura y atrevida conferencia. A lo largo de nueve capítulos se desgrana en el libro el legado humano, filosófico y espiritual de Edith Stein, canonizada en 1998 por Juan Pablo II.

Especial interés ha tenido, para mí la lectura, del capítulo 6 La noción de tipo como base para una nueva filosofía de la cultura, elaborado por Feliciana Merino Escalera. Intentaré explicar el por qué.

Para Stein, la noción de tipo aplicada al ser humano hace referencia a la posibilidad de que éste puede ser conformado desde el exterior a través de una serie de impactos sociales o ambientales. Otro significado, más habitual, es considerar como tipo una forma arquetípica de ser, es decir, la representación individual o conceptual de algo general (Cfr. Página 255)


Dado que el ser humano es único e irrepetible, resulta inviable reducirlo a una estructura típica. Aún en los casos en los que esto se ha intentado usando la violencia desmedida como arma configuradora, siempre le ha quedado al ser humano la capacidad de su libertad interior para tomar una actitud  personal ante los hechos que le ultrajan. Recordemos, en este punto, que la brutalidad ejercida en los campos de concentración no pudo anular la especificidad de miles de seres humanos que supieron enfrentarse a la barbarie con la cabeza bien alta.

Para Edith Stein, el hombre no es reducible a la comunidad a la que pertenece; pero esta evidencia no es óbice para afirmar que la tipología tiene una especial importancia en la configuración del sujeto. El ejemplo propuesto por la propia Edith Stein, y glosado con acierto por Feliciana Merino, del movimiento excursionista juvenil de la Alemania de entreguerras servirá de hilo conductor para apuntar una idea que puede resultar de gran utilidad en la formación de los jóvenes, en particular, y de todos, en general.

Los jóvenes de ese movimiento poseen una tipología con características comunes, tanto internas como externas. Las externas son más fáciles de mostrar: un modo de vestir, un modo de peinarse, el gusto por las excursiones y la naturaleza. Las internas harían referencia a una actitud común frente a la vida industrial y urbana de la época, un estilo de vida frente a la naturaleza, una visión concreta de la vida buena y saludable.

Un joven excursionista auténtico hace suyas esas características. Un joven excursionista ocasional –o no auténtico- no sería distinguible del otro a simple vista pero, es claro, que ese tipo de vida no se da de forma efectiva en su ser. En ambos casos, la fuente de determinación es exterior, aunque en el ejemplo del excursionista auténtico, esa exterioridad acabe interiorizada y afecte a su personalidad. Para el excursionista ocasiona mimético –ocasional- la fuente de su aspecto social consiste en la imitación de alguien sin comprender su estructura valorativa, es decir, sin adherirse a ella y, por ello, no le configura (Cfr. Página 257)

En el caso del excursionista auténtico, los factores externos que rodean a su persona le brindan la oportunidad de que tome postura ante ellos. Su respuesta, ese tomar postura, enriquece su universo personal.

La reflexión de Stein continúa porque este desarrollo fenomenológico necesita ajustarse a las exigencias metafísicas –necesarias- de la concepción de la persona. Sin embargo, lo que quisiera que fuera objeto de la reflexión de este Post ya está concretado.

La sociedad actual no ofrece tipologías claras de ningún tipo; ni siquiera las negativas, aquellas que pretenden buscar la creación de grupos indeseables o destructivos, consiguen anular el engordado individualismo que nos define como sociedad.

Los jóvenes crecen sin referentes claros con los que poder tomar partido, como ocurre en el caso de nuestro excursionista auténtico. Y este es el acierto de Stein a la hora de entender la importancia de los tipos sociales. Lo importante no son los modelos que se ofrecen sino lo que estos posibilitan. La salida de la soledad del yo para dar el paso al compromiso. Esto solo es posible desde tipologías que emerjan de la comunidad.

Cuidemos los aspectos externos de la vida familiar creando ritos visibles para los hijos: cenar juntos, dedicar un día a tareas en la casa, que la casa tenga su olor característico, etc. No muchos, pero si los suficientes para que los hijos se sientan parte de una familia y no de un hotel; algo así le ocurría al excursionista auténtico.

Cuidemos los aspectos internos de la vida familiar creando estructuras de pensamiento; hasta los Corleone cuidaban estos aspectos cuando, por ejemplo,  prohibían hablar de negocios en las comidas. No hablar mal de nadie nunca, saludar al entrar o salir de casa, respetar los tiempos de estudio, etc. No muchas pero si los suficientes para que lo hijos se sientan parte de una familia y no de un club social.

Aspectos externos e internos harán que la familia sea un referente en la vida de los hijos. Las familias que dan todo a los hijos hecho y fácil no crean referentes con los que merezca la pena involucrarse. Así, fabricamos aislados hijos egocéntricos.

domingo, 20 de mayo de 2012

Tierra mojada de Ruiz Taboada

Si cierras por fuera, no me dejes dentro

Hace unas semanas escuché en Radioestadio, programa deportivo de Onda Cero, una mención a uno de los poemas que forman parte del nuevo libro publicado por Javier Ruiz Taboada, periodista, escritor y miembro del equipo del citado programa radiofónico.

Lo que escuché, me gustó. Hay frases, pensamientos, poemas, que dejan una invitación al misterio; a un algo más que está detrás de lo que se dice o se muestra. Tuve esta sensación con el breve verso citado: Si cierras por fuera, no me dejes dentro.

Hacerme con el libro y leerlo de un tirón era imprescindible y así lo he hecho. El misterio no puede esperar aunque nunca se alcance. El título, Tierra mojada publicado en Renacimiento.

Es fácil descubrir que estamos ante una poesía urbana desenfadada sin que esto sea un calificativo negativo; más bien al contrario. El desenfado con contenido no está al alcance de todos. Sin embargo, calificar este poemario de esta manera me parece insuficiente. La poesía de Taboada es un ejercicio postmoderno de creación artística.

Una poesía que sospecha de sí misma y que necesita reinventarse. El gran relato poético deja paso a lo fragmentario del poema de un solo verso y, voluntariamente, inacabado: Hazme una señal que no sea de humo / Lo primero es sugerir, después ya se verá / Veo pasar las horas y ninguna se para a consolarme / Cogí un tren de cercanías para alejarme de ti; mira tú, que tontería.

Todo lo demás, greguerías, paisajes cotidianos, se pone al servicio de lo que es el deseo del autor (aventurada idea personal): poner el dardo en la palabra de un verso suelto para transmitir humor y futuro. O dicho de otra manera, nostalgia y más nostalgia de lo que quedó atrás quitando de en medio a los gafes que oscurecen el futuro.


Hay gente que se ahoga en un vaso de agua con tal de no beber / Cuando dobles la esquina, vuelve a dejarla como estaba / Cuando no veo las cosas claras, me limpio las gafas y, si no hay suerte, me limpio los gafes.

miércoles, 4 de abril de 2012

Google versus Facebook ¿Quién ganará?

Pasarse la vida en los aeropuertos, estaciones de autobuses o estaciones de trenes puede llegar a ser un estilo de vida. Y los ritos que acompañan esas esperas, signo de querer dar un contenido a ese estilo.

Uno de ellos es visitar las tiendas de libros. Es una experiencia antropológica curiosear las distintas estanterías y esquivar, al mismo tiempo, las maletas de otros viajeros que buscan lo mismo. Pasar los minutos que te separan de tu próxima salida. Tiendas estrechas, tiempo ancho.

Hace unos días, en esa situación significativa –creo que Vygotski sería feliz leyendo este Post-, me topé con un libro que llamó mi atención. Desnudando a Google de Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña. Me gustó el título y la portada. Todo entra primero por la vista y, cuando haces tiempo, aún más. Lo he devorado en apenas dos días.


Como indica su autor en el último capítulo del libro, conceptualizas a Google como un buscador efectivo. Pasas las páginas y formalizas una realidad bien distinta: Google es, en realidad, una de las empresas más grandes, más ambiciosas y con más poder del mundo (Cfr. Desnudando a Google, Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña, Deusto, Barcelona, 2012)

No es mi intención desarrollar las claves de esa afirmación. Para eso está el libro. Recomiendo su lectura. La documentación del autor es minuciosa y su honradez y valentía intelectual merecen elogio. Creo que sobre la Red, y tu opinión sobre ella, hay un antes y después tras esta lectura.

En lo posible, me detendré en una reflexión que se apunta en el apartado dedicado a otro poderoso de la Red: Facebook. Intentaré ser didáctico.

El poder de Google estriba en su capacidad de indexar y ordenar páginas webs. Simplificando la cuestión, como todos usamos Google como buscador, la información que posee la entidad sobre cualquiera es inmensa. Supongamos que puedo saber qué lugares visitan mis compañeros de trabajo. Tengo una bola mágica que me muestra sus movimientos. Evidentemente, esta información sobre mis compañeros es de un valor incalculable. Para bien o para mal.

Sigamos con el ejemplo. Supongamos ahora que esa bola mágica es aún más poderosa. No sólo me dice que lugares se visitan sino que, además, me indica si esos lugares han gustado o no. Claramente, la información se torna aún más poderosa. Esto es lo que hace, en definitiva, el botón Me gusta de Facebook.

Tarde o temprano este poderoso botoncito de Facebook le convertirá en el rey de redes. Y, además, por un motivo añadido. El todopoderoso Google no puede indexar esa información. Google sabrá que visito pero nunca sabrá que opino sobre lo que visito (Google + no es más que un truco para paliar esa carencia)

Es evidente que si toda esa información que se genera se torna en publicidad efectiva deja claro de qué va este invento.

Como acertadamente indica Sánchez-Ocaña, estaríamos ante un cambio de paradigma. Del internet de las páginas, pasaríamos al internet de las personas. Me quedaré con la parte positiva de esta realidad.

¿Hacia dónde va Internet? Hacia donde ha ido siempre el ser humano. A interactuar con un semejante para comunicarse con él. Somos sociales por naturaleza aunque usemos filtros culturales tecnológicos para serlo.

Terminaré este Post con una anécdota. Puse un Twitter al autor de libro para agradecerle su trabajo. Cosa impensable hace nada que pudieras comunicarte con un autor de manera tan sencilla. Tuvo la amabilidad de contestarme. ¿Será, al final, el vencedor Twitter?

lunes, 6 de febrero de 2012

Todos los niños pueden ser Einstein

Cuestión de tiempo era que Fernando Alberca saltara a la fama en este mundillo complejo y apasionante de la educación. Quienes tenemos la suerte de conocerlo, desde hace tiempo, compartimos la convicción de que el profesor Alberca tiene mucho que aportar en cuestiones educativas y de aprendizaje de los hijos y los alumnos.

Padre de ocho hijos, profesor desde hace muchos años, directivo de diversos centros educativos repartidos por la geografía española, Fernando Alberca se sitúa a la cabeza de los libros más vendidos en España con su Todos los niños pueden ser Einstein.

Al igual que se conservan en la mente, y en el corazón, estribillos de canciones que nunca se olvidan, tengo la suerte de haber aprendido de Fernando multitud de estribillos que han enriquecido mi tarea como docente: la regla del cinco a uno, la necesaria inmersión para el aprendizaje de los idiomas, la tutoría como pilar de colaboración entre padres y profesores, mantenerse cercano –sin caer en amiguismos estériles- a los alumnos, etc., etc.

En Todos los niños pueden ser Einstein, Fernando Alberca ofrece diversas pistas para que los niños –todos los niños- actualicen el potencial que llevan dentro para ser un genio. La clave, saber motivarlos.


Y para motivarlos, debemos girar nuestra atención hacia el hemisferio derecho del cerebro; hemisferio más creativo e intuitivo. La enseñanza tradicional está volcada sobre el hemisferio izquierdo. Potenciar ambos es una tarea urgente.

Motivar no es alentar. No se trata de decirles “Tú puedes” sino enseñarles que ya han sido capaces de hacer grandes cosas. Al mismo tiempo, es fundamental no hacer por ellos las cosas.  "Si queremos que nuestro hijo sea autónomo, capaz, que se sienta seguro ante un examen, tenemos que enseñarle cuanto antes a que sea independiente", afirma Alberca. “El problema mayor de los niños ahora mismo es la sobreprotección no la falta de tiempo de los padres".

Fernando Alberca no se anda por las ramas. Sabe teorizar pero también concretar hasta el detalle: (Fuente de las siguientes afirmaciones: La Vanguardia, entrevista a Fernando Alberca del 27 de septiembre de 2011)

¿Cómo enseñar a los hijos a ser felices? Enseñándoles a superar obstáculos. A ver lo extraordinario en lo ordinario. A que todo acto tiene consecuencias. Y a amar de verdad.

¿Cómo se ama de verdad? Sin esperar nada a cambio. Nada reporta tanta felicidad como hacer feliz al otro sin que siquiera se entere.

Si pudiera imponer una sola reforma escolar ¿cuál sería? Dedicaría toda la primaria a una sola y única cosa: ¡aprender bien a leer y escribir!

Animo a la lectura de este Todos los niños pueden ser Einstein. Me alegro de su enorme éxito por dos motivos: -Primero, por Fernando. Es de bien nacidos ser agradecidos. De él aprendí –y sigo aprendiendo- mucho de lo que ahora sé. –En segundo lugar, por el mundo de la educación: necesitamos propuestas sensatas que construyen sabiendo potenciar aquello que nos une.

martes, 29 de noviembre de 2011

La sonrisa etrusca, José Luis Sampedro

Solas, la opera prima de Benito Zambrano es, lo de es desde hace tiempo, una película que me cautiva por el personaje de Rosa, interpretado de manera magistral por María Galiana.

Rosa, una señora mayor, de pueblo, con pocos estudios pero que sabe amar, se traslada a la ciudad para cuidar a su marido enfermo que está hospitalizado. Mientras dura esta hospitalización, Rosa vive con su hija –María- una chica joven que malvive, se da a la bebida y que decide tener a su hijo pese a la mísera vida que lleva y pese a saberse abandonada por el padre de la criatura.

La relación entre madre e hija es nefasta. Como lo es la relación de Rosa con su marido. Un hombre déspota que la maltrata de manera psicológica y física, aunque esto último no se refleje en la película pero se deja claro. En este infierno vivencial, Rosa conoce a un vecino de su hija, solo y aburrido, que como ella no comprende ya la sociedad en la que vive y al que todo se le hace cuesta arriba.

Rosa es vieja pero no se rinde. Sabe que tiene cosas que aportar y lo hará a su manera. Sus armas, el amor, la paciencia y la discreción. Una escena resume esto a la perfección. Su hija discute con ella. Le dice que la deje tranquila y la ofende ridiculizando la vida triste que ha llevado junto a su padre. Su madre no se inmuta y le dice: te ofrezco lo que soy, lo que tengo.

Rosa cambiará la amargura vital de su hija, dará esperanzas nuevas de vida a su vecino y conseguirá que el corazón podrido de su marido dé señales de arrepentimiento.

Que distinto el papel de Rosa al del sheriff de No es país para viejos. Ed Tom Bell, no comprende de manera alguna la sociedad que le toca vivir y lidiar. Sueña con retirarse porque se siente viejo y fuera de sitio.

Creo que el problema lo tiene Ed y no su condición de ser viejo. Los viejos –que bueno poder llamarlos así sin que nadie se moleste- son necesarios porque son capaces de cambiar el mundo aportando lo que tienen y lo que son: la experiencia y nuestro origen.


José Luis Sampedro, flamante Premio Nacional de las Letras, nos ofrece esta misma visión de la vejez, que no está de más ni de sobra en La sonrisa etrusca. La sonrisa del que no teme a la muerte y que sabe que, a pesar de los años, tiene cosas que aportar a los suyos; aunque sólo sea a un nieto de corta edad.

El premio hará que volvamos los ojos hacia su obra. Sería un desperdicio, al hacerlo, no entrever la necesidad de volver la mirada hacia los viejos para decirles que la sociedad sigue siendo de ellos.