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lunes, 13 de febrero de 2012

El mito de la caverna o la Grecia actual

El libro VII de la República de Platón comienza con su conocido mito de la caverna; alegoría con la que pretende explicar la situación del ser humano con respecto a la realidad y el conocimiento que, de la misma, pueda tener.

Nos pide Platón imaginarnos a unos prisioneros que habitan en una cueva subterránea desde niños. Están encadenados de tal modo que sólo pueden contemplar el fondo de la morada. Detrás de ellos hay un fuego que ilumina con su luz y, entre los prisioneros y el fuego, hay una especie de muro que hace las veces de aquellos biombos que los titiriteros levantan ante su público para mostrar por encima del mismo sus muñecos.  

Entre el muro y el fuego pasean unos personajes que transportan toda clase de objetos en su cabeza. Los prisioneros ven reflejadas las sombras de esos objetos en la pared. Sin embargo, para ellos, esas sombras son la realidad; la auténtica realidad; la única realidad posible.

¿Qué ocurriría si uno de esos prisioneros fuera llevado hacia el exterior para que pudiera contemplar la realidad tal cual es? Sin duda, en primer lugar, sufriría por su nueva situación. La luz del sol le cegaría y le costaría poder ver cosa alguna.

Poco a poco, se iría acostumbrando a mirar las sombras de los objetos hasta, finalmente, en un proceso de afianzamiento, poder contemplar el mismo sol cara a cara. Si este prisionero volviese a la caverna e intentara convencer a sus compañeros de que están instalados en la mentira, sin duda, los otros prisioneros intentarían matarlo.


Cuanta actualidad –triste actualidad- recobra este texto de la Grecia clásica en la Grecia actual. Los ciudadanos griegos atraviesan una situación económica dramática. Quizás –como está ocurriendo en otros muchos países- han estado viviendo durante años en una preciosa caverna en la que  abundaba la sensación de felicidad y poderío económico.

Todos se empeñan en sacar a los ciudadanos griegos de su antigua morada. Esa morada artificial que se está desmoronando a pedazos. Sin embargo, con cada intento de auxilio, se adentran aún más y sin posibilidad de salida en una nueva caverna tan peligrosa como la que habitaban inicialmente.

La primera caverna: espejismo de la realidad, sombras de la realidad. La segunda: exceso de realidad. Una realidad que no es posible gestionar cuando, simplemente, lo que se quiere es comer.

domingo, 12 de febrero de 2012

Gran Torino o educar en el esfuerzo

Walt Kowalski, al igual que otros muchos personajes de célebres películas –como el Sheriff Ed Tom Bell en No es país para viejos- está fuera de sitio. No comprende el mundo que le ha tocado vivir en su vejez. Viudo, alejado de sus hijos y viviendo en un barrio dominado por inmigrantes hmong y diversas bandas callejeras, mata los días bebiendo cerveza, conversando con su perra Daisy y cuidando su Gran Torino del 72.

Está resentido con la vida o, quizás, consigo mismo. Veterano de la guerra de Corea rumia su amargura: la de haber tomado decisiones dramáticas en una situación dramática como es una guerra.

Thao, adolescente perdido porque no sabe quién es ni lo que quiere, es vecino de Kowalski. Debido a su poca personalidad y a la presión de una pandilla de delincuentes, de las que forman parte familiares suyos, termina optando por robar el Gran Torino de Kowalski para formar parte del grupo acosador y dejar así de sufrir sus presiones.

Es sorprendido por Kowalski en su vano intento de robarle su preciado coche. La familia de Thao –su madre y hermana- piden a Kowalski que Thao le sirva durante un tiempo para así pagar su culpa. Kowalski, accede.

Clint Eastwood dirige, produce y protagoniza Gran Torino -2008- una historia magistral sobre la necesidad de redención que necesita todo ser humano.  Sin embargo, en estas líneas, quisiera centrarme en la relación que Kowalski mantiene con Thao: creo que la misma es un buen ejemplo para analizar esa necesaria formación en el esfuerzo, que tanto se pregona, como necesidad urgente en la formación de nuestros jóvenes y adolescentes.

Puede que Kowalski esté acabado; sin embargo, tiene mucho que aportar a ese joven desituado que, debido a las circunstancias, ha caído bajo su protección. Lo tiene claro: hará trabajar a Thao sin descanso y sin especiales miramientos, aparentemente. Y consigue el éxito que tiene que ser, siempre, por partida doble: -consigue que el chaval despegue; que se afiance su personalidad; -consigue que el chaval lo respete y lo aprecie.

¿Qué cualidades tiene Kowalski como educador?

-En primer lugar, educa como es y como quién es; es decir, no cambia su personalidad ni endulza su carácter para educar al joven. Es rudo en su forma de ser y así lo será con Thao. No se prodiga en detalles y no siente compasión cuando exige a Thao que trabaje de la noche al día. Y, no por ello, está exenta su acción de buen corazón. Busca al chico un trabajo y le ayuda en sus relaciones sentimentales.

-En segundo lugar, mantiene las distancias. El rudo Kowalski se encariña con el joven pero no por eso tiene ningún deseo de ser un colega más de él. Kowalski tiene claro que sólo desde su situación podrá ser eficaz en su tarea. Hacerse igual a Thao le haría perder toda credibilidad. No pretende caer bien. No es un colega ni va de colega.

-Ayuda sin sustituir a Thao en lo que éste pueda hacer por sí solo. Le compra herramientas para su trabajo; sin embargo, le deja claro que ya se las pagará cuando cobre su primera paga. La vida ha enseñado a Kowalski que solo se valora lo que se adquiere con esfuerzo.



Muchos más ejemplos se podrían glosar. Invito a volver a ver la película bajo esta clave educativa esbozada en este breve comentario. La pedagogía del esfuerzo no consiste en hacer la tarea imposible. Más bien la lógica funciona al contrario.

Significa hacer posible lo que para un joven es difícil dándole las herramientas necesarias, pero nunca supliéndole a la hora de hacerlas, y haciéndole asumir las responsabilidades que la misma tarea acarree.

lunes, 6 de febrero de 2012

Todos los niños pueden ser Einstein

Cuestión de tiempo era que Fernando Alberca saltara a la fama en este mundillo complejo y apasionante de la educación. Quienes tenemos la suerte de conocerlo, desde hace tiempo, compartimos la convicción de que el profesor Alberca tiene mucho que aportar en cuestiones educativas y de aprendizaje de los hijos y los alumnos.

Padre de ocho hijos, profesor desde hace muchos años, directivo de diversos centros educativos repartidos por la geografía española, Fernando Alberca se sitúa a la cabeza de los libros más vendidos en España con su Todos los niños pueden ser Einstein.

Al igual que se conservan en la mente, y en el corazón, estribillos de canciones que nunca se olvidan, tengo la suerte de haber aprendido de Fernando multitud de estribillos que han enriquecido mi tarea como docente: la regla del cinco a uno, la necesaria inmersión para el aprendizaje de los idiomas, la tutoría como pilar de colaboración entre padres y profesores, mantenerse cercano –sin caer en amiguismos estériles- a los alumnos, etc., etc.

En Todos los niños pueden ser Einstein, Fernando Alberca ofrece diversas pistas para que los niños –todos los niños- actualicen el potencial que llevan dentro para ser un genio. La clave, saber motivarlos.


Y para motivarlos, debemos girar nuestra atención hacia el hemisferio derecho del cerebro; hemisferio más creativo e intuitivo. La enseñanza tradicional está volcada sobre el hemisferio izquierdo. Potenciar ambos es una tarea urgente.

Motivar no es alentar. No se trata de decirles “Tú puedes” sino enseñarles que ya han sido capaces de hacer grandes cosas. Al mismo tiempo, es fundamental no hacer por ellos las cosas.  "Si queremos que nuestro hijo sea autónomo, capaz, que se sienta seguro ante un examen, tenemos que enseñarle cuanto antes a que sea independiente", afirma Alberca. “El problema mayor de los niños ahora mismo es la sobreprotección no la falta de tiempo de los padres".

Fernando Alberca no se anda por las ramas. Sabe teorizar pero también concretar hasta el detalle: (Fuente de las siguientes afirmaciones: La Vanguardia, entrevista a Fernando Alberca del 27 de septiembre de 2011)

¿Cómo enseñar a los hijos a ser felices? Enseñándoles a superar obstáculos. A ver lo extraordinario en lo ordinario. A que todo acto tiene consecuencias. Y a amar de verdad.

¿Cómo se ama de verdad? Sin esperar nada a cambio. Nada reporta tanta felicidad como hacer feliz al otro sin que siquiera se entere.

Si pudiera imponer una sola reforma escolar ¿cuál sería? Dedicaría toda la primaria a una sola y única cosa: ¡aprender bien a leer y escribir!

Animo a la lectura de este Todos los niños pueden ser Einstein. Me alegro de su enorme éxito por dos motivos: -Primero, por Fernando. Es de bien nacidos ser agradecidos. De él aprendí –y sigo aprendiendo- mucho de lo que ahora sé. –En segundo lugar, por el mundo de la educación: necesitamos propuestas sensatas que construyen sabiendo potenciar aquello que nos une.

domingo, 5 de febrero de 2012

Cine y Educación: Autoridad en la familia y en la escuela

El Rey Jorge V, muere. Le sucede su hijo Eduardo, a pesar de no llevar una vida ejemplar. Tanto es así que se ve obligado a abdicar muy pronto dejando el trono en manos de su hermano que reinará con el nombre de Jorge VI.

Bertie, así llamado en el ámbito familiar, es una persona honrada, que ama a su país y que sabe que para ser rey debe seguir siendo ejemplar. Al mismo tiempo, tiene claro que debe reinar y  no gobernar. Y que su ejemplaridad –si no estaría de sobra- debe estar acompañada de su palabra, de su discurso. Un rey, en una monarquía democrática, posee esos dos tesoros: honradez y palabras –reflejo de su gran catadura moral- que transmitir a su pueblo.

Bertie no posee el don de la palabra. Es tartamudo. Eso no es cortapisa para una vida digna, afortunadamente. Sin embargo, sabe que esa dificultad será un escollo importante para su reinado. Y mucho más en una situación tan adversa para su país: el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial.

Su esposa, contrata los servicios de un excéntrico logopeda para que trate a su marido. Lionel, superada la sorpresa de poder atender a tan prestigioso paciente, se enfrenta a su primer encuentro con un Rey que ha de convertirse en alumno. Lionel sabe que se la juega en ese primer encuentro y tiene clara sus prioridades. Sólo podrá ayudar al Rey si éste comprende que debe querer ser alumno y que debe asumir que, durante el proceso de terapia, la autoridad corresponde al profesor y no al Rey por muy Rey que sea.

El discurso del Rey, película dirigida por Tom Hooper, ofrece una interesante reflexión sobre una cuestión clave en la educación de los hijos y en el aprendizaje de los alumnos: la necesaria autoridad de los padres y los profesores a la hora de ejercitar –cada parte- sus funciones.


La escena de este primer encuentro entre ambos protagonistas no tiene desperdicio. Un impaciente Jorge VI insta a Lionel a iniciar la terapia. El profesor marca pronto las líneas del terreno de juego: Sólo empezaré si quiere usted ser tratado.

Continúa el pulso entre ambos. Lionel le pregunta cómo debe llamarle. Alteza Real dice Jorge VI y añade: Luego es Señor, después de eso. Lionel no se inmuta y le dice: Es un poco formal para mí. Prefiero los nombres. El monarca –intuye que su profesor quiere imponerse- le suelta la retahíla de sus nombres: Príncipe Alberto Federico Arturo Jorge.

Qué tal Bertie, le expeta Lionel. Jorge VI empieza a exasperarse: Sólo mi familia me llama así. Y hace ademán de encender un cigarro. Lionel le corta en seco. Le prohíbe fumar. Y concluye el duelo con una afirmación concluyente: Mi castillo, mis reglas.

La igualdad es un valor necesario en nuestra sociedad. Nadie discute esto y los avances, en esta línea, son importantes. Sin embargo, pretender que la igualdad sea herramienta para medir todo progreso tiene consecuencias nefastas a nivel familiar y escolar.

La igualdad a ultranza socava la necesaria autoridad de los padres con respecto a los hijos. Si somos iguales, para qué un padre y una madre. La desigualdad en la familia posibilita no sólo la autoridad sino también la riqueza de aportar cada uno lo que le es propio. Roles clónicos nos dejarán huérfanos de valores.

La igualdad a ultranza socava el cimiento básico de todo aprendizaje. Si los alumnos son iguales que los maestros para qué, entonces, los maestros. Ser desiguales no significa ser superior a otros. Es, simplemente, dotar al hecho de enseñar del marco adecuado para que pueda realizarse tal acto.

Lionel igual no sabe de políticas educativas pero es un buen maestro y, por eso, sitúa al Rey en su sitio: es alumno. Jorge VI no sabrá de pedagogía pero ha sido un buen hijo y, por eso, comprende que el profesor debe tener su puesto y merece respeto.

martes, 31 de enero de 2012

Educación para la Ciudadanía o el Papel de los Padres

Billy es un chico de once años. Vive en el norte de Inglaterra. Corre el año 1984, año difícil para él y su familia. Su padre y hermano son mineros. La crisis del sector se agudiza tras convocar los obreros del sector una huelga que es un órdago, en todo regla, al gobierno de la época.

La situación económica de la familia es delicada. El padre y hermano de Billy se suman a la huelga. Para colmo de males, Billy es huérfano de madre, debe cuidar a su enferma abuela y esconder, ante los ojos de los demás, su pasión por el ballet.

Billy Eliot, película dirigida por Stephen Daldry en el año 2000 tiene sus defensores y detractores. No entraré en esta polémica. Traigo a colación esta película para analizar, en lo posible, una escena que contiene una reflexión importante en este tema, recurrente, de la educación de los hijos.

Billy ensaya ballet, a escondidas de su padre y hermano, con su profesora, la señora Wilkinson. En uno de los descansos, en uno de los duros días de trabajo, ambos se toman un pequeño descanso. Sale a relucir una carta que la madre de Billy escribió a su hijo para que éste la leyera a los 18 años. Sin embargo, ya la ha leído muchas veces y se la sabe de memoria.  Billy accede a que su profesora la lea en voz alta.

Querido Billy,

Ahora te pareceré un recuerdo lejano, lo cual creo que es buena señal. Habrá pasado mucho tiempo, y yo no te habré visto crecer, ni llorar ni reír, ni gritar… Y no habré podido regañarte. Pero por favor, debes saber que he estado a tu lado, contigo, en todo momento; y que siempre lo estaré. Estoy orgullosa de haberte conocido, orgullosa de que hayas sido mío. No dejes de ser tu mismo. Siempre te querré.

Mamá


Hasta aquí la escena podría ser catalogada como una escena más que trata este tipo de situaciones. Sin embargo, el broche viene justo después cuando una impresionada –por la lectura- señora Wilkinson sólo acierta a decir: Tu madre debió de ser una mujer muy especial. La respuesta de Billy es demoledora: No. Sólo era mi madre.

Como su padre es sólo su padre. Aquel que no comprende los gustos de su hijo pero que será capaz de sacrificarse por él para que pueda estudiar danza. Soportará ser llamado esquirol con tal de poder llevar dinero a casa para que su hijo cumpla su sueño.

La asignatura de Educación para la ciudadanía –hoy se ha anunciado su derogación próxima- ha generado infinitud de polémicas. El motivo es claro. La educación corresponde a los padres y no al Estado.

Un Estado no escribe cartas a los ciudadanos como la que hemos leído en párrafos anteriores. Eso sólo lo hace madre. Un Estado no pierde su reputación para con sus ciudadanos. Eso sólo lo hace un padre.

Las leyes deben dejar a los padres cumplir con su papel.

sábado, 21 de enero de 2012

Educar a través del cine: Adolescencia y Amor

Melvin Udall, afamado escritor, posee una personalidad anancástica; un trastorno obsesivo compulsivo que lo hace intratable para todos aquellos que le rodean. Su enfermedad, por otra parte, le obliga a seguir pautas y rutinas diarias de las que es esclavo. Una de ellas, comer todos los días y a la misma hora en el mismo restaurante. Las camareras evitan atenderle; todas menos Carol, una chica humilde pero que sabe querer a la gente y soportar sus rarezas.

Melvin -aunque no lo sabe porque no es capaz de analizar sus sentimientos- se ha enamorado de Carol. La trama de la película se enreda, como buena comedia, hasta llegar a un desenlace en la que Melvin dedica a Carol un piropo que cambiará la visión que ésta tiene del escritor.

Melvin no hace caso a su psiquiatra. Éste le ha insistido, por activa y por pasiva, que tomar la medicación hará que mejore su situación. Siendo consciente de que nunca podrá estar junto a Caroll, si no cambia, decide tomar las pastillas.

Melvin y Caroll cenan juntos. Él va trajeado -así lo exige el restaurante- y ella viste de manera sencilla. A Melvin se le va la fuerza por la boca y ofende gravamente a Caroll por llevar la indumentaria que lleva. Caroll -lógicamente dolida- le exige un cumplido si no quiere que abandone la mesa. Melvin lo hará. Ver la escena.



Tú haces que quieras ser persona. Éste es el gran cumplido que Melvin dedica a Caroll.

A los adolescentes -a muchos jóvenes- les cuesta diferenciar amor de otro tipo de sentimientos. En ocasiones, se ven abocados a relaciones personales que no producen beneficios a ninguna de las partes. Enseñarles que el amor verdadero se distingue -entre otras cosas- porque uno siente deseos de ser mejor persona les ayudará a afianzar valores sólidos para su vida.

Edad apropiada para esta explicación: a partir de los 13-14 años. Antes es pronto; después, demasiado tarde.

Escena tomada de la película Mejor Imposible, de James L. Brooks, 1997, protagonizada por Jack Nicholson y Helen Hunt.

viernes, 6 de enero de 2012

El pacto educativo o aprender de una película

El milagro de Ana Sullivan me ha parecido siempre una buena película que se presta a todo tipo de reflexiones. Una de ellas, sin duda, es la educativa. Ana Sullivan debe educar y enseñar a Hellen Keller, una niña ciega, sorda y muda que a la edad de siete años vive una vida que raya el estado salvaje.

Siendo una película del año 1962 –basada en un hecho real- y bien conocida por todos no destrozaría la trama al apuntar que el difícil reto de la profesora es superado con éxito. Y es en este punto donde querría hacer mi intento de reflexión.

¿Por qué triunfa una profesora que lo tiene todo en contra? La sociedad de la época no apoyaba a niños con necesidades especiales; los padres no saben que hacer con su hija; Hellen, no es un fracaso escolar; eso tendría solución. Hellen no sabe siquiera que es un ser humano.

La respuesta no es fácil pero creo que hay una serie de criterios educativos que Ana Sullivan maneja a la perfección. Su preparación científica ya se le supone y en esto no está la razón de su éxito.

Ana Sullivan se sabe profesora y, por lo tanto, comprende que debe dialogar con los padres e incluso con la pequeña. Pero hay asuntos que no son negociables. Si todo se negocia y todo es producto del consenso no hay educación posible. Ana Sullivan sabe que educar es sinónimo de fijar unos límites que no pueden ser sobrepasados. El ejercicio de la autoridad es indispensable en todo proceso educativo.  Además, un niño sabe que es querido cuando no se le permite todo.

En España, la parte más débil del sistema educativo son los profesores. Carentes de autoridad y culpables de todo deben, al mismo tiempo, solucionar lo que otros rompen. Ana Sullivan creo que pediría cuentas a quienes socavan la necesaria autoridad del profesor. Y sin miedos. El autoritarismo, afortunadamente, es rechazado por todos.



Para educar a un niño hace falta toda la tribu. Totalmente cierto. Pero al frente de esa tribu, deben estar los profesores. Todos pagamos, por ejemplo, la sanidad pero en un quirófano –afortunadamente- nos opera un buen cirujano. Recuperar el prestigio de la profesión docente es vital en estos momentos. En el aula, que “opere” el profesor y le dejen “operar”. Aclararé, en este punto, que los primeros educadores de los hijos son los padres. No se malentienda lo que expreso.

Ana Sullivan no siente compasión por Hellen. La compasión –sentimiento noble- en educación es nefasta porque surge cuando uno sabe que no hace lo que, en justicia, le debe a un niño. El resultado de la compasión es hacer por los niños lo que ellos podrían hacer por sí mismo.

Hellen es ciega, sorda y muda pero esto no es impedimento para que pueda hacer cosas por sí misma y sin ayuda de nadie. Y Ana Sullivan, nuevamente con paciencia, la lleva por ese plano inclinado que otorgará a Hellen el señorío sobre su vida.

Nos estamos acostumbrando a hacer todo por los hijos y por los alumnos. El resultado, en generaciones que están teniendo más medios económicos que ninguna otra, son niños débiles de voluntad y que se rompen ante cualquier contratiempo. La incesante llamada a la pedagogía del esfuerzo fracasará si no se tiene en cuenta esta realidad. No hagamos por los alumnos, por los hijos, lo que ellos puedan hacer por sí mismos. Aquí, los padres se la juegan especialmente. Los políticos, al legislar, no deberían entrometerse en el terreno exclusivo reservado a los padres y, aprender, que lo difícil atrae. Lo fácil, tarde o temprano, desmotiva.

Tercera y última reflexión. Ana Sullivan, al igual que sabe que Hellen puede hacer cosas por sí misma, es consciente que otras no podrá realizarlas debido a sus circunstancias. La educación necesita partir de la realidad y saber hacerla tangible a los niños; sin hacerles daños pero no engañándolos.

En España, con un alto porcentaje de fracaso escolar, se extiende, además, la percepción de que si no eres universitario eres un nuevo fracaso escolar. Tan penetrado estamos de esta visión que llevamos años bajando el nivel educativo para que todos alcancen los mismos niveles de titulación. Nunca tanta igualdad hizo tanto daño a la educación.

La igualdad debe centrase en proporcionar las mismas posibilidades a todos. La igualdad debe centrarse en proporcionar medios económicos a todo el que lo necesite. Pero la igualdad no debe olvidar la diferencia. Cada uno llega a donde llega y eso no es malo ni frustra a ningún niño. Frustra mentirle y hacerle llegar, con argucias, a lo que no le hará, en definitiva, feliz. La vida pone tarde temprano a cada uno en su sitio.

Ana Sullivan no comprendería cierto tipo de legislaciones que ofrecen café para todos. Hellen merece gobernantes sensatos.