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domingo, 6 de mayo de 2012

Tierras de penumbra y el sufrimiento

Uno se reconoce por donde se rompe, por las cicatrices que deja el pasado.

Cuando Ulises regresa a Ítaca  para recuperar su reino, su hacienda y, especialmente, a Penélope lo hace disfrazado de mendigo para no ser reconocido. Se suceden los acontecimientos y Ulises, que ha conseguido entrar en palacio, se ve obligado a ser atendido por la sirvienta de Penélope. Un mendigo merece un trato hospitalario en palacio. El corazón de Penélope, pesa a las circunstancias, sigue siendo magnánimo.

Como relata de manera magistral el profesor Jacinto Choza en su libro Ulises, un arquetipo de la existencia moderna, Ulises se coloca en la penumbra de un rincón ya que teme ser reconocido por la sirvienta que no es otra que Euriclea, anciana que le atiende desde su niñez. Ulises tiene en una pierna la cicatriz de una herida que le causó un jabalí cuando era muy joven. Euriclea conoce la existencia de esa herida. Euriclea, al tocar la cicatriz le reconoce. Ulises le pide que guarde silencio.

Las personas, como las cosas, se reconocen por dónde se rompen, por las cicatrices que deja el pasado. Nadie se rompe por el mismo sitio y, por este motivo, el sufrimiento es el mejor medio que el ser humano tiene para saber quién es y para saber que esperan los demás de uno mismo.

La realidad original del hombre –siguiendo las tesis del maestro Choza- es indeterminación vacía. Inicialmente, no nos distinguimos unos de otros. Es necesario dejar paso a las diferencias para distinguirnos de los demás. Esta diferenciación se produce por las fracturas que nos deja la vida.

Así ocurre en diferentes culturas a lo largo de la larga historia del ser humano. Era costumbre romper un objeto por la mitad y, así, sus portadores podían encajar un trozo con el otro. Así se reconoce el ser humano, según Jung, no sólo por las fracturas del cuerpo sino también por las del alma.

Tierras de penumbra, película dirigida por Richard Attenborough en 1993, recrea la vida del escritor inglés C. S. Lewis. La película nos muestra a un Lewis ya maduro, unos cincuenta años, situado en la vida, afamado escritor, profesor y conferenciante. Recorre el país dando conferencias sobre el sentido del dolor. Parece seguro en sus reflexiones, quizás porque hasta ese momento no ha sufrido demasiado en su acomodada vida.

Todo cambia cuando conoce a Joy una poetisa americana. Lewis se enamorará perdidamente de la escritora. El drama está servido. Joy morirá de cáncer. La seguridad existencial de Lewis se derrumba a causa del sufrimiento que le provoca esta pérdida. Ha dejado de ser un teórico del sufrimiento para pasar a vivirlo en su propia vida.

Tanto en la película como en la obra del propio Lewis titulada Una pena en observación en la que recoge esta experiencia vital podemos observar cómo Lewis reconstruirá su vida al ser capaz de darle un sentido a su dolor. Ha reconstruido su yo al ser capaz de saberse único e irrepetible gracias a su sufrimiento.

Recomiendo ver Tierras de Penumbra de Richard Attenborough, leer Una pena en observación de C.S. Lewis y el magnífico ensayo de Jacinto Choza, Ulises, un arquetipo de la existencia moderna para que descubramos que el dolor no es algo inútil.

domingo, 29 de abril de 2012

La utilidad del sufrimiento

El dolor de hoy es parte de la alegría de mañana

He leido -sinceramente no sé en que parte- que causa furor un libro que se denomina La inutilidad del sufrimiento. Tampoco he leido el libro por lo que no sería honesto reflexionar sobre algo que uno no conoce. Copiar y pegar es una actividad que repugna a la razón, parafraseando a Kant.

Si quisiera hacerlo sobre el título del mencionado libro proponiendo -en primer luagr- un acercamiento cinematográfico a la vida del escritor inglés C.S. Lewis de la mano de Richard Attenborough y su película Tierras de penumbra. En un próximo Post, intentaré reflexionar sobre la siguiente afirmación: Nada más útil que el sufrimiento y nada más absurdo que pretender evitarlo o suprimirlo perdiendo la oportunidad de darle un sentido.

Richard Attenborough, sabe recrear en la pantalla la vida del escritor y profesor inglés C. S. Lewis si bien, algunos aspectos no coinciden del todo con la realidad y la vida del personaje. Por ejemplo, no aparece un segundo hijo de Joy, o la propia Joy aparece más joven y resuelta en la película que como era en realidad. Lewis aparece excesivamente envuelto en su vida privada, alejado de todo acto social, si bien era ya un afamado escritor gracias a  Las Crónicas de Narnia y gran amante de las tertulias literarias.

Sin embargo, estos aspectos no quitan realismo a la película, y en ella se reconoce al escritor en su esencialidad así como el drama personal y existencial que supuso para él la muerte de Joy. El director propone una cuidada puesta en escena, con un ritmo adecuado, que permite la definición de los caracteres de los protagonistas. Al mismo tiempo, sabe evitar el gran error que supondría convertir la película en un soporífero discurso dramático –el tema se ofrece a ello- sustituyendo ese peligro por una invitación constante a la reflexión.

Deja, en todo momento, que se recreen los actores en la interpretación de sus papeles, invitando a la cámara a recogerlos en sus magníficas interpretaciones; especialmente en el caso de Anthony Hopkins y Debra Winger. Una vez más, unos buenos actores ensalzan a una película; y un buen director, sabe sacar baza de esa posibilidad. La música sumerge en los momentos de tristeza cuando se presentan y en la esperanza cuando ésta se abre paso.

Tierras de penumbra es una obra de arte. Quizás por lo expuesto anteriormente. Pero, sin duda, porque tiene el acierto de mostrar una historia humana en toda su grandeza y valor, sin caer en el patetismo sensiblero y sin adoctrinar a los espectadores.


Ficha Técnica
Director: Richard Attenborough. Intérpretes: Anthony Hopkins (C.S. Jack Lewis), Debra Winger (Joy Gresham), Joseph Mazzello (Douglas Gresham), Edward Hardwicke (Warnie Lewis), John Wood (Prof. Christopher Riley), Michael Dennison (Rvdo. Harry Harrigton), James Frain (Peter Whistler), Robert Flemyng (Claude Bird), Andrew Hawkins (Rupert Parrish). País: Gran Bretaña. Año: 1993. Producción: Richard Attenborough y Brian Eastman, para Spelling Films Int/Price Entertainment/Savoy Pictures. Guión: William Nicholson. Música: George Fenton. Fotografía: Roger Pratt. Dirección artística: Stuart Craig. Duración: 135 minutos. Género: Drama. Premios: Premios 1993 al mejor actor de Los Angeles Film Critics Association, del National Board of Review y del New York Film Critics Circle. Nominación al Oscar 1993 a la mejor actriz y al mejor guión adaptado.

Sugata Mitra, Vigotsky y la reforma educativa (I)

Ideemos la manera de colocar un ordenador con conexión a internet en algún remoto lugar del mundo en el que no haya conocimiento alguno de esta realidad tecnológica –ni de ordenadores ni de conexiones- y en el que la situación social de pobreza sea dramáticamente evidente.

Compliquemos más el asunto. Tengamos seguridad de que en esa zona hipotética, sus habitantes carezcan de un conocimiento absoluto del inglés. Y, rizando más el rizo, asegurémonos de que  el idioma de esos habitantes, un idioma extraño, no tiene páginas indexadas en la red de redes. Conseguido todo esto, dejemos el montaje a la vista de los niños del lugar y observemos qué ocurre.

Este supuesto no es más que el trabajo de investigación desarrollado durante nueve años por el científico indio Sugata Mitra. La conclusión del estudio es demoledora: Los niños pueden saltarse todo un ciclo escolar con el uso exclusivo de ordenadores e internet. Estamos ante el conocido proyecto de investigación denominado Hole in the wall o Agujero en el muro.

Invito a visionar el video de una de sus numerosas conferencias para que los posibles lectores de este Post conozcan dichas investigaciones y sus consecuencias pedagógicas. De esta menara, podré centrarme en lo que considero realmente importante y revolucionario en este discurso constante –y, en muchas ocasiones aburrido por que se dan palos de ciego- sobre la necesaria reforma educativa.

Los niños son capaces de organizar su propio aprendizaje. Necesitan pocos instrumentos para hacer factible esta realidad. Un ordenador, una conexión a internet y el trabajo cooperativo entre ellos. La figura del profesor brilla por su ausencia. Los niños aprenden haciendo –no escuchando a alguien- y ayudándose entre ellos –y no trabajando de manera aislada-.

Esta evidencia, contrastada científicamente por Sugata Mitra, posee una conexión clara con los presupuestos educativos esgrimidos por el psicólogo ruso Lev Vigotsky. La inteligencia se desarrolla por medio de herramientas que el niño encuentra en su entorno próximo. Con el uso de estas herramientas, el niño amplía  sus habilidades mentales. Herramientas y actividad posibilitan la interiorización de estructuras mentales más complejas.

Las herramientas posibilitan que el niño haga cosas, no sólo con su mente, sino también con sus manos, con su cuerpo; si el entorno no proporciona adecuadas herramientas, hagamos lo posible por proporcionarlas (un ordenador en un agujero de la pared)

Sinceramente, creo que Vigotsky jubiló intelectualmente, hace ya lustros,  las tesis de aprendizaje de Jean Piaget. Sin embargo, nuestra enseña sigue siendo tan  piagetiana que los niños se aburren en las aulas y, evidentemente, no aprenden.  

Supongamos que un niño es un vaso. El aprendizaje es el agua. El proceso de aprendizaje es llenar el vaso de agua. Estemos tranquilos. Es fácil. Es cuestión de coger el vaso (el niño) y ponerlo debajo del grifo. Abrirlo y esperar, sin más, a que el niño aprenda. Esto, en definitiva, es lo que nos dice Piaget.

Afortunadamente, lo que no consiguió Vigotsky lo conseguirán las Nuevas Tecnologías. El niño es, al mismo tiempo, el vaso, el agua y la acción de llenar el vaso con esa agua. Sugata Mitra debe ser tenido en cuenta.
¿El papel del profesor en todo esto? Debe ser la herramienta que posibilite el uso de esas herramientas tecnológicas que ya poseemos. Seguiremos en un próximo Post pero sirvan, por ahora, algunas reflexiones:

-Un profesor que plantee preguntas y no respuestas. Todas las respuestas están ya en la nube pero no así las preguntas oportunas. Cómo ejemplifica Sugata Mitra, no preguntemos cuánto mide la Torre Eiffel sino quién la construyó y por qué.

-Las Nuevas Tecnologías han abierto un nuevo paradigma de aprendizaje. La escuela, los profesores y los libros de texto siguen en el paradigma de enseñanza heredado de la Revolución Industrial.

-Las políticas educativas también se llevan su parte. Somos conscientes de este cambio de paradigma pero seguimos evaluando a los alumnos con pruebas de nivel propias de épocas pasadas: Selectividad, Pisa, etc. Conocer ya no es recordar como diría Platón. Para recordar, esta Google.

-Los cerebros de los niños actuales son cerebros interconectados a semejanza de la Red. La escuela sigue siendo unidireccional. Eso, además, implica, que los niños aprenden mejor en grupos de trabajo y no de manera individual.

-La escuela unidireccional (del profesor al alumno) no divierte. La mente de un niño está programada para que le guste hacer aquello que le hace disfrutar y no otra cosa. (Niño, ponte bien, cállate, estate quieto y atiende)

sábado, 21 de abril de 2012

El show de Truman: El cine como lenguaje

Ya no sé que pensar. Quizás es que me estoy volviendo loco pero ... tengo la impresión de que el mundo gira alrededor de mí.

Peter Weir muestra, en esta película, su maestría como director evocando el gran logro cinematográfico que supuso El club de los poetas muertos. Y este buen hacer se hace patente por la perfecta combinación que hace entre comedia y drama. El Show de Truman provoca, por momentos, la sonrisa del espectador y, en otros, la tensión dramática que vive el protagonista. Este equilibrio entre drama y comedia no es siempre fácil de llevar a la gran pantalla.

Weir cuenta con la ayuda de un sólido guión, bien estructurado, creíble y, en ocasiones, de gran originalidad. En el cine de comedia, un buen guión es pieza fundamental para que una película conecte por entero con el espectador.

Es de destacar como la película va poniendo en antecedentes al espectador. Ves la vida de un hombre con pocas pretensiones y ambiciones, con una vida solucionada e instalada.  Sin más explicaciones argumentativas cinematográficas, empiezan a ocurrir cosas que hacen que Truman piense que su mundo es, al menos en un principio, muy extraño. Esta sensación también la va creando, al mismo tiempo, el espectador.

Sin embargo, y este efecto produce una mayor involucración del espectador en el drama que sufre Truman, el director nos muestra la trampa de ese mundo antes de hacérsela patente a Truman. Como acompañamiento de todo este desvelamiento de la trama, una cuidadosa banda sonora recrea el clima adecuado para conseguir el efecto descrito junto con una impecable ambientación de la época, años cincuenta, a cargo de Dennos Grassner.

Peter Weir consigue delimitar a los distintos personajes, dándoles personalidad propia; especialmente con Jim Carey que ofrece, por primera vez en esta película, un perfil de actor alejado –afortunadamente- de su histrionismo característico repleto de muecas y gestos incontrolables.

Mención especial merece la magnífica interpretación  de  Ed Harris como Christof, director de la serie que recrea la vida de Truman, como una parte más que ha hecho posible el éxito en su momento, y en la actualidad, de esta película.


Ficha Técnica

Director: Peter Weir. Intérpretes: Jim Carey (Truman Burbank), Ed Harris (Christof), Laura Linney (Meryl), Natasha McElmore (Laura-Sylvia), Brian Delate (padre de Tuuman), Holland Taylor (Madre de Truman) País: Estados Unidos. Año: 1998. Producción: Scout Rudin, Andrew Niccol, Edward Feldman y Adam Schoeder, Paramount Picture. Guión: Andrew Niccol. Música: Burkhard Dallwitz y Philip Glass. Fotografía: Peter Biziou. Dirección Artística: Dennos Gassner. Duración: 110 minutos. Género: Tragicomedia televisiva. Premios: Candidaturas a los Oscar al mejor director, actor secundario (Ed Harris) y guión original.

lunes, 16 de abril de 2012

Mejor Imposible: El cine como lenguaje

Tengo un piropo para ti; tú haces que quiera ser mejor persona

James L. Brooks, director y guionista de esta película, saltó a la fama con el largometraje, de lágrima fácil, La fuerza del cariño, con la que consiguió, en 1984, cinco Oscars de la Academia de Hollywood.

En esta ocasión, recrea una divertida comedia en la que se entremezclan, con habilidad narrativa, la risa y la lágrima, la alegría y la tristeza, el amor y el desamor, con el complemento y logro de llenar de ideas y pensamientos la película, cuestión no fácil en una comedia.

En los últimos tiempos la comedia de corte romántico se ha desprestigiado porque su producción masiva ha conducido a resultados simples y predecibles. En los años 80 vimos Tootsie y Hechizo de luna, que mantenían todavía la esencia del buen género. En los 90, casi todas han sido repetitivas y vanales: Tienes un e-mail, Nothing Hill, La carta de amor, etc.

La fuerza discursiva de Mejor Imposible se centra en su magnífico guión, repleto de frases memorables y diálogos magistrales. Cada personaje habla y se expresa según su personalidad; y cada palabra que se dice, condensa toda la intención de la historia que se está contando. En definitiva, es una trama simple que se sabe contar con sencillez.

Jack Nicholson recrea a la perfección las rarezas de su personaje sin caer en el histrionismo. Hellen Hunt encarna la ternura, la sencillez y el sentido común en sus gestos y miradas. Greg Kinnear, que no obtuvo un merecido oscar. Los dos primeros, desbancaron a los mismísimos Tom Hanks (Salvar al soldado Ryan) y Kate Winslet (Titanic) en la carrera de los Oscars.

Un guión sin buenos actores no conduciría al éxito. Y este es el segundo aspecto básico que Brooks aprovecha a la perfección. Los tres protagonistas bordan su trabajo interpretativo, brillando cada uno con luz propia. Son, de por sí, buenos actores, pero el director sabe sacarles su máximo partido.

El cine es un lenguaje y la cámara es, en ocasiones, su canal comunicativo. En Mejor Imposible, la cámara se mueve con agilidad y da viveza y ritmo al desarrollo de la historia. La banda sonora es pegadiza y ligera, a tono con la comedia.


Ficha Técnica

Director: James L. Brooks. Intérpretes: Jack Nicholson (Melvin Udall), Helen Hunt (Carol Connelly), Greg Kinnear (Simon Bishop), Cuba Gooding, Jr. (Frank Sachs), Skeet Ulrich (Randy), Shirley Knight (Beverly), Jesse James (Spencer Connelly). País: Estados Unidos. Año: 1997. Producción: Kristi Zea y Bridget Johnson, para TriStar. Guión: Mark Andrus. Música: Hans Zimmer. B.S.O.: Varese Zarabande. Fotografía: John Bailey. Dirección artística: Bill Brzeski. Montaje: Richard Marks. Duración: 138 minutos. Género: Comedia. Premios: Globos de Oro 1997 a la mejor película de comedia, actriz y actor. Oscar 1997 al mejor actor y actriz.

domingo, 15 de abril de 2012

Caerse en el peor momento y en el peor sitio

Wittgenstein formuló su visión del lenguaje como un juego. Cada cultura, cada sociedad tiene sus reglas como los diversos juegos tienen las suyas. Jugar a cualquier juego requiere conocer sus normas y respetarlas. Si no, no hay juego posible. Si no gusta un juego, hay otros. Pretender jugar con tus propias normas, sólo acarreará ser expulsado del mismo.

Algo parecido ocurre con el lenguaje. El lenguaje posee un conjunto de normas que nos posibilita comprender el mundo. Sin embargo, las situaciones en las que se da el lenguaje son diversas, como diversas y distintas son las culturas y las personas que lo emplean.

En cada situación, los hablantes utilizan reglas diferentes. Así, por ejemplo, comprender a una persona budista requerirá conocer su lenguaje. En sentido estricto, sólo siendo budista se comprenderá que es ser budista. La situación, mi situación, es la que da sentido a mi lenguaje.

Simplificando al máximo las Investigaciones filosóficas de nuestro filósofo, cuando hablamos no sólo exteriorizamos nuestro pensamiento. En cierta medida, hablo según mi estilo de vida. Pensamiento y lenguaje se retroalimentan.

Las nuevas tecnologías han elevado al infinito la importancia de la situación a la hora de enjuiciar lo que se expresa; tanto con palabras como con hechos. Un discurso oportuno puede propiciar la subida de las bolsas. Una caída inoportuna, el derrumbe de una institución.


¿Por qué? Afortunadamente, todos podemos opinar sobre la situación económica que nos agobia. Podemos discrepar sobre nuestra visión sobre ella. Si el gobierno lo hace bien o mal, si la oposición está a la altura o no de las circunstancias. Esto es lo de menos. Viva la libertad de cada uno para opinar como quiera.

Lo importante es la situación común creada. Todos estamos preocupados y todos podemos opinar de manera inmediata gracias a las nuevas maneras de comunicación que permiten herramientas como Twitter. La situación es de crisis galopante. Todo lo que hagan nuestros políticos –y no políticos pero que ostentan responsabilidades de Estado- será examinado bajo esta regla de lenguaje que es la crisis.

Olvidar esta situación –esta realidad dramática- de crisis y hablar o actuar de espaldas a ella es situarse fuera del contexto general de los ciudadanos. Irse a cazar con la que está cayendo es desconocer esta realidad, apartarse de ella y hacerse prescindible. Es estar jugando a un juego que nadie quiere jugar usando reglas propias distintas.

El ajedrez y el desarrollo intelectual de los niños (III)

¿Potencia el ajedrez facultades en cualquier niño? Si, pero no las que se ofrecen como obvias. Por jugar al ajedrez, no se conseguirá, por ejemplo, que se potencie la concentración/atención si no se tienen esas cualidades previamente.

Un niño inquieto podría pasarlo mal si se sienta minutos y minutos delante de un tablero de ajedrez sin poder hacer otra cosa que mirar las casillas estáticas. ¿Imposible entonces que este hipotético  niño pueda potenciar esas capacidades con este noble deporte? En absoluto. Sólo tengamos prudencia. Ayudemos a ese niño a ganar en concentración con métodos más dinámicos. Eso es todo. Luego, será el momento en el que el ajedrez haga el resto.

En definitiva, la cuestión es ¿Qué cualidades potencia el ajedrez, de manera natural, en cualquier niño? ¿Cuáles potencia, de manera exclusiva, en algunos niños según su perfil?

Sea el niño como sea y posea las cualidades que posea, el ajedrez potenciará –siempre con la práctica asidua de este deporte- el pensamiento convergente y divergente.

El pensamiento convergente es aquel que nos lleva a una respuesta determinada o convencional. Es un pensamiento de tipo lógico que se utiliza, por ejemplo, para la resolución de un sistema de ecuaciones en matemáticas. Un camino a seguir, una sola solución correcta.

El pensamiento divergente es creativo. Admite diversos caminos y distintas soluciones todas válidas. Es el tipo de pensamiento que puede utilizar un artista o un investigador que lucha para la curación del cáncer.

Ambos pensamientos son claves en cualquier desarrollo intelectual. Sin embargo, pocas actividades potencian ambos campos. Quizás este sea unos de los graves problemas de nuestro sistema educativo. Un sistema que trabaja desde el pensamiento convergente y para el pensamiento convergente.

El ajedrez, por definición, trabaja a la perfección ambas posibilidades. Pongamos dos ejemplos sencillos para explicar esta cuestión.

Pensamiento convergente

Llegamos al final de una partida. Las blancas poseen, rey y torre. Las negras, sólo su rey. Hay que dar Jaque Mate. El proceso es un proceso lógico que sólo admite un camino que está determinado por la manera de moverse esas piezas.


Pensamiento divergente

Nos encontramos en el medio juego de una partida. La posición es cerrada y se hace difícil encontrar una jugada que otorgue ventaja. Sin embargo, el jugador de las negras encuentra una solución que va más allá de la propia cualidad de las piezas. Sacrificará un caballo para conseguir una posición ganadora.


Potenciar el pensamiento convergente de los niños les ayudará en sus estudios. Al menos en los países de tradición europea cuyos sistemas educativos están basados en esquemas racionalistas. El ajedrez, para esto, es un aliado perfecto. En el mundo educativo anglosajón, la divergencia es dominante.

Potenciar el pensamiento divergente de los niños les ayudará a saber enfrentarse a las dificultades que la vida encierra. Los problemas de la vida son siempre abiertos y ofrecen distintas posibilidades resolutivas.